jueves, 19 de febrero de 2009

El Inicio de las Reuniones de Capacitación

Por: Tree Bressen

¿Cómo inicias tus reuniones de capacitación? ¿La gente se toma de la mano, canta una canción, o lee una declaración de objetivos? Estas son algunas de las maneras más tradicionales para iniciar oficialmente una reunión. Aunque este tipo de ceremonia de apertura no es estrictamente necesario, tomar unos minutos extra para unir al grupo brinda varios beneficios, desde concentrar la atención en el trabajo a realizar, hasta hacer que las personas se conozcan más unas a otras.
A continuación incluimos algunos ejemplos de la ronda clásica (una ronda quiere decir que se invita a cada persona a responder por turno; generalmente, también se acepta la opción de “pasar”):
Novedades y Cosas Buenas – cada persona dice alguna novedad o cosa buena que sucedió desde la última reunión.
Gratitud - cada persona dice algo que aprecia, de otra persona o de la comunidad.
Compartir Respuestas – Las preguntas pueden variar, desde “¿Cuál es tu comida favorita?” hasta “Si yo fuese la reina de la comunidad, haría…” o “Cuando eras niño, ¿qué te disgustaba más de tus padres?” Elige algo adecuado al tiempo disponible y al nivel de intimidad dentro de tu grupo.
¿Dónde estabas cuando…? – Alguien elige una fecha (por ejemplo, el 5 de enero de 1978, o tres meses después de cumplir 12 años) y cada uno cuenta dónde estaba y qué recuerda que estaba haciendo en ese momento.
Si cada persona va a compartir, dar indicaciones claras acerca de cuánto tiempo habla cada uno ayuda a mantener el ritmo. Pasar un cronómetro permite que los participantes se autorregulen, evitando elegantemente tanto la incomodidad de que una persona hable más tiempo que el conveniente, o de decirle a alguien que se le acabó el tiempo. Si hacer que cada persona se dirija a todo el grupo tomaría demasiado tiempo (por ejemplo, si tu reunión tiene 50 participantes), separarlos en pares o en grupos pequeños también es una alternativa.
Otra manera divertida de descubrir un poco más acerca de los otros es una variante del juego Sopla un Fuerte Viento. Alguien hace en voz alta una pregunta tipo encuesta, como “¿Quién tiene hermanas?” o “¿Quién ha visitado cinco o más comunidades intencionales?” o “Quién escucha música de Ani DiFranco?” Cada una de las personas que se ajustan a la descripción se levanta rápidamente de su asiento y se sienta de nuevo para escuchar la siguiente pregunta. La actividad física extra —y la risa— sirven de preludio agradable para una o dos horas de discusiones sentados.
Dado que habitualmente las reuniones se centran expresamente en lo verbal, las aperturas pueden ser una oportunidad fantástica para probar algo diferente. ¿Has probado con tu grupo alternativas como música, dibujo, movimiento o rituales?
Si quieres enseñar una canción, elige una que sea breve y simple. Escribir la letra con anticipación en un póster en el frente, o pasar hojas con la letra de la canción, hace que sean más fáciles de aprender. También puedes hacer que cada persona le cante su nombre al grupo y que el grupo se lo cante en respuesta, o que entonen sonidos sin palabras armonizando unos con otros, o reunirlos en un vibrante “Om”. Si tienes un sentido del ritmo aceptable, prueba iniciando un ritmo con todo el grupo y luego dirigiendo a cada persona de manera que combine con el todo. En este ambiente, ni la percusión ni la voz requieren equipos especiales – simplemente da golpecitos sobre la mesa, o sobre tus piernas.
Hacer una obra de arte puede ser individual (cada persona hace un dibujo) o comunitario (todos contribuyen a hacer un mural). Los marcadores, crayones o pasteles de colores brillantes son divertidos para todas las edades. Para iniciar una reunión, sin embargo, las pinturas o pegamentos que necesitan tiempo para secar, o una artesanía como origami, que requiere que el líder enseñe diversos pasos, probablemente sean demasiado complicados. Invita a los participantes a que dibujen su casa comunitaria de fantasía, su árbol favorito, o la persona que está sentada junto a ellos.
Cualquier actividad que pone a la gente de pie y en movimiento es para bien. Párense e imaginen que son algas que se mecen en el océano, o una garza volando en lo alto. Improvisen una escultura humana. Giren en círculos. En una de las reuniones de Acorn (Bellota), mi comunidad favorita, una participante saltó sobre su silla y dirigió a todos para hacer una locomotora: comenzando con un chuc-chuc ligero y lentos círculos de manos, el grupo fue acelerando más y más rápido, llegando al máximo con un silbato agudo de tren: “¡CHUU! ¡CHUU!”
Algunas actividades menos espectaculares para reunir a las personas pueden ser meditaciones o visualizaciones breves, o ejercicios de respirar y centrarse. Hacer que las personas se relajen y se centren en su cuerpo las ubica en el momento presente, haciendo a un lado cualquier tema que hayan dejado pendiente para asistir a la reunión. Por supuesto, siempre es posible un simple momento de silencio, una técnica que no tiene precio ni tiempo.
“Conoce a tu grupo” y selecciona según el caso. Así como algunas personas prefieren la variedad y otras prefieren la rutina en áreas como la comida y el sexo, sucede lo mismo con el inicio de reuniones. Para los grupos que disfrutan probando algo diferente, puede ser una gran oportunidad para dejar que vuele la creatividad. Mi pauta básica para las aperturas es: ¡hazlas ágiles y felices!

Los Facilitadores: Administración de Espacio-Tiempo

Los Facilitadores y la Administración de Espacio-Tiempo

Por: Steve Davis

Tu efectividad como facilitador no depende en un 100% de lo que haces. Una buena parte de tu éxito depende de lo que no haces. Estar en silencio y presente ante lo que está surgiendo es tal vez el don más grande que trae un facilitador a un grupo. El silencio interior es un valor excepcional. Te permite percibir por debajo del nivel superficial de comportamiento y ofrece a las personas la oportunidad de percibirse más claramente ellas mismas.
Presta atención a lo que “desea” suceder. Cuando escuchamos con atención, a menudo percibimos lo que debe hacer el grupo. Ésta puede ser una sensación intuitiva, o una sensación visceral de la energía grupal, palabras dichas, o comportamientos colectivos. Consulta con tus grupos cuando tienes la sensación de que se requiere una nueva dirección. Ofrece tu sugerencia y escucha su respuesta. Si aún estás en duda, confía en tu instinto y experiencia para emprender un nuevo curso de acción, y luego observa su respuesta. Si las cosas continúan de manera productiva, estás en la senda correcta. Si no es así, prueba otra cosa.
Cuándo actúas, es tan importante como el acto. Estas son algunas preguntas para ayudarte a conducir los tiempos de las actividades grupales.
· ¿El grupo tendrá lo que necesita (energía y capacidad)?
· ¿Estarán preparados para hacerlo (es decir, suficiente confianza y potencial)?
· ¿Cuál será el resultado probable?
· ¿Cuál será el estado emocional del grupo y de las personas?
· ¿El grupo estará mentalmente preparado para el paso siguiente?
· Las actividades que causan alto stress deben estar seguidas por actividades de bajo stress.
· Haz cambios de estado frecuentes (cada 5-7 minutos).
Usa el espacio con eficiencia. Existen muchas razones para tomar descansos de diverso tipo durante el trabajo con grupos. Estas son algunas formas de usarlos.
· Para responder a necesidades biológicas (baño, comidas, los facilitadores necesitan mucha agua).
· Para descanso mental (para liberar stress).
· Para dar tiempo a los facilitadores para analizar y reorganizarse.
· Para responder a cambios de atención y de energía.
· Para que los participantes puedan revisar su e-mail y otros mensajes.
· Para que los participantes tengan tiempo de procesar, descansar e integrar el aprendizaje.
La conclusión de esto es que el silencio y el tiempo son por lo menos tan importantes como el contenido y la técnica. Estos elementos son herramientas que generalmente se pasan por alto, y que los facilitadores pueden aplicar para descubrir y navegar el submundo de las dinámicas de grupo.

La Sonrisa del Facilitador


La Sonrisa del Facilitador
Por: Beatrice Briggs

Durante la evaluación de una facilitación reciente, uno de los participantes apreció específicamente "la sonrisa del facilitador", Dado que yo era la facilitadora en cuestión, naturalmente me sentí complacida con esta retroalimentación. Además, el comentario me ayudó a reflexionar sobre la importancia de las señales no verbales que nosotros, como facilitadores, enviamos a los grupos que servimos.
La mayoría de los grupos sufren, por lo menos intermitentemente, de frustración, desesperanza y miedo. El trabajo parece abrumador, los obstáculos demasiados y los recursos muy pocos. La gente se vuelve desconfiada, impaciente y desanimada.
A pesar de que los facilitadores no podemos resolver estos problemas, podemos proyectar confianza en la habilidad del grupo para alcanzar el éxito. Una actitud positiva de la persona que está parada al frente del salón es una fuerte contradicción para la duda y el desaliento.
Los Psicólogos Amy y Arnold Mindell discuten este fenómeno en términos de "meta-destrezas", refiriéndose a la actitud, sentimientos y creencias del facilitador con respecto al grupo. Meta-destrezas son la forma en que aplicamos las otras destrezas y herramientas de nuestro oficio.
Ejemplos de meta-destrezas son la compasión, conciencia, desapego (en el sentido de no forzar un resultado determinado), flexibilidad y mantenerse en calma y centrado en medio del caos o situaciones tensas.
Las meta-destrezas son dones personales que pueden ser descubiertos dentro de uno mismo y desarrollados a través de trabajo personal, práctica y observación de modelos externos. No pueden ser adquiridos de la misma forma en que aprendemos técnicas, tales como conducir una lluvia de ideas (brainstorm) o preparar una agenda. Sin embargo, las meta-destrezas afectan profundamente la manera en que aplicamos esas otras técnicas. La "mejor" técnica, usada de manera rígida, cínica o egoísta, probablemente será poco efectiva, y puede incluso ser causa de que el grupo se vuelva en contra del facilitador. Sin meta-destrezas, todas las notas post-it y marcadores de colores del mundo no nos harán un buen facilitador. Por otro lado, una persona que puede elegir la técnica adecuada y aplicarla con amor, cuidado, coraje, claridad y sensibilidad, puede dar un verdadero servicio al grupo.
La capacidad de llegar desde un lugar de profundo respeto y ver el bien en todos viene del trabajo personal de cada uno. No se puede fingir. Debemos comprometernos a confrontar nuestros propios prejuicios y otros hábitos emocionales destructivos para no caer fácilmente en las reacciones inconscientes y espirales destructivas de los miembros del grupo. Este trabajo interior nos permite sonreír genuinamente, aún en momentos difíciles.
El rol del facilitador en muy visible. Toldo lo que pensamos, creemos, decimos y hacemos tiene un impacto en el grupo. En cierta forma los participantes nos buscan como guía y afirmación. Aunque no podemos decirles qué decidir, los podemos alentar con nuestras palabras y gestos. La próxima vez que estés frente a un grupo, junto al rotafolio, dale la bienvenida al grupo con una cálida sonrisa, no sólo al inicio de la sesión sino también después de cada descanso y al final. Siéntete genuinamente complacido de estar con ellos. La gente puede no notar lo que estás haciendo, pero sentirán la diferencia y sacarán fuerza de ella. Hasta es posible que alguien comente sobre tu sonrisa.